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miércoles, 11 de noviembre de 2015

EUSKARA

en gara


ERREPORTAJEA
INSTITUCIONES Y EUSKARA
CUANDO LAS INSTITUCIONES DEFENDÍAN 
EL EUSKARA

A lo largo de la historia, las diferentes instituciones vascas han defendido el euskara como uno de los principales patrimonios de Euskal Herria. Desde el Consejo del Reino de Nafarroa, hasta las juntas y diputaciones, durante siglos se ha promovido la presencia de funcionarios que conocieran la lengua del país para que la ciudadanía, mayoritariamente euskaldun, pudiera participar en cualquier acto administrativo y recibiera educación en euskara.

PELLO GUERRA
Euskara_apertura
La defensa del euskara por parte de las instituciones vascas ha sido una constante a lo largo de los siglos. Así quedó en evidencia en las jornadas internacionales sobre “El euskara en las altas instituciones de gobierno a través de la historia” que se celebraron en la UPNA y de las que se han publicado recientemente sus actas en un libro con el mismo título.
Ese deseo de proteger y fomentar la lengua que hablaba la mayor parte de la población sobre la que gobernaban ya quedó patente en el siglo XVI. Mientras en la Nafarroa conquistada el euskara empezaba a ser perseguido por las autoridades españolas, en la parte del reino todavía independiente al norte de los Pirineos, los reyes de la dinastía Albret mostraban su sensibilidad hacia la lingua navarrorum. Así, en el Consejo Real, el conocimiento de la lengua vasca era «requisito indispensable para el desempeño de los principales oficios, como eran los de consejero y procurador general», al igual que el origen navarro, según señala el historiador Álvaro Adot. Esta norma se mantuvo vigente hasta 1624, cuando el citado órgano desapareció a consecuencia de la creación del Parlamento de Nafarroa durante el reinado de Luis XIII. En la nueva institución se suprimieron esos dos requisitos para formar parte de ella.
Ese modo de proceder del monarca formaba parte del proceso de integración de la Nafarroa independiente en Francia que había puesto en marcha el sucesor de Enrique III de Nafarroa y IV de Francia, y que puso fin al impulso que había recibido el euskara en ese territorio durante el gobierno de la dinastía Albret. En concreto, bajo su cetro se publicaron algunos de los primeros libros en lengua vasca, como el “Testamentu Berria” de Joanes de Leizarraga, que fue promovido por la misma reina Juana.
El texto de Leizarraga fue consecuencia de los nuevos tiempos que se vivían en el ámbito religioso. La Reforma propugnaba que las sagradas escrituras se tradujeran del latín a las lenguas vulgares para que el pueblo las pudiera entender. De esta manera se hacía patente una realidad lingüística que no se recogía de forma oficial, ya que la documentación de las distintas instituciones de esa época se recogía en latín, castellano, francés e incluso en occitano dependiendo de momentos y lugares, y donde no tenía espacio el euskara. Sin embargo, en la calle era la lengua predominante en la mayoría de los territorios, lo que exigía un proceso de traducción para que la población entendiera las decisiones de los distintos poderes.
Los sacerdotes como traductores. En este terreno de la mediación lingüística destacó el papel de los sacerdotes, ya que se manejaban en las dos lenguas. Al menos desde el siglo XIV, la Iglesia dispuso que «los fieles debían ser atendidos en su propio idioma. Por lo tanto, la casi totalidad de los curas, beneficiados y capellanes que ejercían en las comarcas vasco hablantes lo eran igualmente, independientemente de que además supiesen latín y castellano, o francés o gascón en su caso», según señala el historiador Juan Madariaga en la citada obra.
Aprovechando que el conjunto de la comunidad se reunía el domingo en la misa, los curas se encargaban de traducir al euskara y de dar a conocer desde el púlpito en esa lengua a sus feligreses disposiciones eclesiásticas y mandatos institucionales de las autoridades civiles (reales órdenes, mandatos de ayuntamientos sobre quemas de rastrojos, herencias, embargos, subastas...), para que nadie pudiera alegar ignorancia de los mismos. Esa mediación lingüística fue conocida como “publicata” y los sacerdotes cobraban de los ayuntamientos un promedio de unos 12 reales por año por las traducciones que tenían que ver con cuestiones relacionadas con las autoridades civiles. Este trabajo de traducción impulsado por los consistorios recurriendo a los sacerdotes se mantuvo hasta comienzos del siglo XIX, cuando las autoridades eclesiásticas pusieron fin a esa práctica.
Otro ámbito en el que también las instituciones vascas tuvieron en cuenta el uso del euskara fue en el de la Administración de Justicia. Así, en el Fuero Nuevo de Bizkaia (1526) se establecía que en los procesos judiciales, los testigos «que no supieren la lengua castellana, los examine y tome con otro receptor e intérprete». Ese derecho a la utilización del euskara por parte de la población en los procesos se recogía también en el fuero de Gipuzkoa de 1696, la Novísima Recopilación de los fueros de Nafarroa, los cuadernos de hermandad de Araba y las recopilaciones de Lapurdi y Zuberoa, según detallan los expertos Iñigo Urrutia y Xabier Irujo.
Los receptores de los tribunales eran los encargados de recoger los testimonios de los testigos inmersos en procesos judiciales y por ese motivo, en los pueblos vascongados era fundamental que conocieran euskara. Esa circunstancia hacía que los aspirantes a desempeñar ese cargo «debían ser examinados y aprobados en lengua vasca», según señala el experto Roldán Jimeno.
Ese dominio del euskara era fundamental para evitar inexactitudes y fraudes que podían derivarse del uso de intérpretes. Por ese motivo, se establecieron dos turnos de receptores: los romanzados y los que dominaban el euskara además del castellano. En Nafarroa, los primeros tenían como ámbito de actuación desde Tafalla hacia el sur y los receptores euskaldunes, desde esa ciudad hasta el norte. La división generó más de una disputa entre receptores, ya que los romanzados se quejaban de que los euskaldunes tenían más territorio de trabajo.
Esta situación se rompió en el siglo XVIII a consecuencia del centralismo de los reyes borbónicos. En 1766 se prohibió la impresión en otras lenguas que no fuera el castellano, al año siguiente se obligó a una enseñanza monolingüe en esa lengua a todos los niveles y en 1778 se impusieron comisarios romanzados en los pueblos vascongados.

Pulso por la educación. En el ámbito de la educación, ese afán por controlar desde el Estado la enseñanza para imponer el castellano entre los euskaldunes supuso la aparición de la práctica del “anillo escolar”. Esta consistía en castigar a los alumnos que hablaban en euskara. Un anillo era entregado al estudiante que había sido sorprendido hablando en lengua vasca y este podía deshacerse de él denunciando a un compañero que también hubiera empleado el euskara, y así hasta terminar la jornada. El último que tenía el anillo era castigado.
El problema se fue agravando porque esta práctica llegó a extenderse incluso fuera de la escuela, lo que motivó quejas por parte de los ayuntamientos. En un intento por proteger el euskara, los consistorios hacían todo lo posible por conseguir profesores euskaldunes, a los que incluso se animaba a enseñar en las dos lenguas, buscando el bilingüismo.
Esta competencia municipal que protegió el euskara en la enseñanza se vio amenazada en el siglo XIX por la ley de instrucción pública (1857), ya que implantó la estatalización del profesorado, aunque las diputaciones consiguieron mitigar en parte ese problema, de forma que se mantuvo el bilingüismo en la educación, según recogen Urrutia e Irujo.
Unos años más tarde, el euskara incluso llegó a convertirse en la lengua vehicular de la enseñanza. Fue durante la Segunda Guerra Carlista (1872-1876) y en esa época, la lengua vasca fue el idioma oficial de la Administración en la zona controlada por los partidarios de Carlos VII. Así, las juntas de instrucción de Bizkaia y Gipuzkoa marcaron sendas directrices para promover la enseñanza en euskara.
Pero la derrota carlista supuso la supresión de los Fueros en las Vascongadas, lo que eliminó los mecanismos empleados hasta entonces como cortafuegos al intento de aplicar un régimen monolingüe en la enseñanza. Ante esa amenaza, las diputaciones de Araba, Bizkaia, Gipuzkoa y Nafarroa reaccionaron formando un frente común para seguir contando con profesores bilingües. A pesar de ello, desde Madrid se continuó con la política uniformadora en favor del castellano y se siguió empleando el denigrante método del “anillo escolar”.
Tan solo en tiempos de la Segunda República española y a través del Estatuto para Araba, Bizkaia y Gipuzkoa, se recuperó el bilingüismo educativo, ya que el euskara se convirtió en lengua oficial en esos territorios junto al castellano. Pero la Guerra del 36 y la posterior dictadura franquista pusieron fin a esa situación, que se equiparó a la ya existente en Nafarroa.
Tras la muerte de Franco, llegarían el Estatuto de Gernika para la CAV (1979) y el Amejoramiento para Nafarroa (1982). En el primero de ellos, el euskara volvía a ser lengua oficial en ese territorio, mientras que en el caso navarro, tan solo se daba carácter oficial a ese idioma en las zonas vascófonas, cuestión que quedó regulada por la Ley del Vascuence de 1986, en la que se establecía la actual zonificación del herrialde.
Fuente: http://www.naiz.eus/eu/hemeroteca/7k/editions/zazpika_2015-03-22-06-00/hemeroteca_articles/cuando-las-instituciones-defendian-el-euskara

lunes, 2 de noviembre de 2015

UN RECORRIDO POR LA HISTORIA DE LA LITERATURA VASCA

RIKARDO ARREGI DIAZ DE HEREDIA

Para conocer más sobre Ricardo Arregi Díaz de Heredia, nos valdremos de dos notas publicadas en las que se hace referencia a su vida y su obra. 

En primer lugar, una biografía realizada por Carlos Santamaría, para la publicación Zeruko Argia, de la cual era parte. En segundo lugar, una serie de poemas de su autoría. 


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RIKARDO ARREGI DÍAZ DE HEREDIA
Fotografía: Zaldi Ero©


Ricardo Arregi falleció en accidente de coche, camino de Eibar, el mismo día en el que Aldrin y Armstrong pisaron la superficie lunar. Sólo contaba veintisiete años. Se dirigía a una reunión de Euskaltzaindia y parece ser que llevaba consigo una propuesta en favor de la alfabetización que tan ardientemente defendía. Fue periodista, escritor y activista cultural.

Nació en Andoain en 1942 y tras finalizar sus estudios de Filosofía, comenzó a escribir colaborando en Zeruko Argia Jakin. Interesado por la política internacional, escribió una serie de artículos modélicos, sobre todo en la sección "Herriak eta Gizonak" de Zeruko Argia. Además de escribir ensayos tan conocidos como "Sozialismoa modan dago" ("El socialismo está de moda"), "Ezkertiar berriak" ("la nueva izquierda") o "Euskaltzaleen jainkoa hil behar dugu" (Teenmos que matar al Dios de los euskaltzales"), dedicó sus fuerzas a la lengua y la cultura vasca.

En la década de los sesenta propusó a Euskaltzaindia crear un departamento de alfabetización, ya que su máxima preocupación era que la gente aprendiera a leer y escribir en euskera. Fue el principal impulsor de la campaña de alfabetización y trabajó en ella todo lo que pudo. Fue, sin duda, uno de los padres de lo que más tarde sería AEK y se le tuvo muy presente en las dos primeras Korrikas que se organizaron.

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Rikardo Arregi, el hombre 

Algunos lo consideraban simplemente como un joven nervioso e inquieto pero Rikardo Arregi poseía una entereza y una madurez fuera de lo común, es más, podríamos decir que personalidades así sólo aparecen muy de vez en cuando.

Su vida, aunque corta, ha aportado mucho y su nombre será recordado en toda Euskal Herria.

Poseía una inteligencia fuerte y clara, observándose esta lucidez en toda su obra. De hecho, últimamente le ayudaba en el estudio de las matemáticas y me sorprendía la capacidad de síntesis que tenía. Son muy pocos los estudiantes dotados de tan elevado talento. De haber querido, podría haber sido un gran matemático. Pero él disfrutaba con las gentes y los pueblos, no con los números.

Poseía dos cualidades que le hacían encantador: su honradez y actitud colaboradora y generosa.

Ricardo era una persona honesta y resultaba agradable relacionarse con él. Nunca pensó en su propio provecho y era un trabajador infatigable, hasta rozar lo imposible. Siempre dispuesto a trabajar por y para el pueblo. En cuanto aparecía un nuevo problema ahí estaba él, olvidándose de sí mismo y al pie del cañón. Era un hombre serio en lo que a la religión se refiere. Era de inquietudes profundas y verdaderas. Despreciaba la religión, los mitos y las leyendas de carácter superficial. Siempre iba en busca del Dios verdadero con los ojos y el corazón bien abiertos.Y ahora, ese mismo Dios, ese Señor misterioso, nos lo ha arrebatado. El alma de nuestro querido Rikardo es ahora más feliz que todos nosotros.

Carlos Santamaría, Zeruko Argia, 27-VII-1969


Fuente: http://www.argia.eus/siglo/prota/69rikar.htm


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ALGUNOS DE SUS POEMAS

Cartografía
Oasis en el desierto
No hay en el desierto carreteras marcadas,
infinitos son los caminos posibles, incontables las salidas. 
Busco en las estrellas un sueño de oasis,
un amable lugar donde encontrar reposo,
palmeras verdes y aguas dulces,
cuerpos perezosos y deseos de amar.
Cien mil palmeras,
senderos dulcemente perfumados.
Como momentos de felicidad en la vida,
así los oasis en el desierto.
Cuando hallamos sosiego en cabañas de ladrillo
olvidamos que al alba partirá la caravana
y la fragilidad de la tienda será quien proteja
la próxima noche nuestros sueños.
Cien mil palmeras no son nada
al contar granos de arena.


Deseos y pasiones
No se acercan las luces blancas que nos buscan,
nuestra velocidad sobre las llanuras
se amolda a la de las estrellas,
se pierden todos los movimientos
y aunque dejamos nuestras huellas en el camino
en la inmovilidad se apaciguan el deseo y las pasiones.
Las montañas se olvidan en la mirada,
la nostalgia de los lagos se extiende por las heridas.
El viajero no desea llegar a la ciudad,
daría su corazón a cambio
de caminos sin fin.
Enmudecen las voces, se aplacan los latidos,
son inútiles lágrimas y risas,
el futuro se desmigaja
en la quieta marcha del tiempo.
Las agujas del reloj sueñan
con aquella época en que fueron olas
y rememoran con nostalgia
los juegos de la plata fundida sobre los cuerpos.


Papeles caídos en la calle
Y se reflejaban sobre el asfalto mojado
las distintas luces de la calle, duraderas.
Por un momento vivir y morir y vivir
en la oscura mirada de un único planeta.
El viento insufla las sábanas húmedas
obstinado en crear imágenes abstractas.
Y, al otro lado, nosotros, buscando refugio,
como una mosca cualquiera al llegar al invierno,
como una simple mosca que atrapó la nevada.
Y a quién diré, y cómo y cuándo,
la alquimia que el espejo revela
en un segundo: el mayor de los mendigos.
Como, por ejemplo, aquél que cruzaba la calle
cada día, hacia la misma hora.
Recordamos aún los días y las casas,
aquel tiempo en que aún nos gustaba la verdad.
Se mojaron los papeles caídos en la calle
y las palabras destilaban tinta turbia.
Los recuerdos, a partir de entonces,
nos llegan desde el futuro.


Charlas entre amigos
Cuando en mitad de una charla entre amigos,
llega el acostumbrado momento de los recuerdos,
y en sus labios resucita en claroscuros
la flor seca del pasado, pienso sorprendido
que los clásicos llevaban razón
cuando escribieron con tal sutileza sus bellos tópicos
acerca de la fugacidad del tiempo,
y me sacude con violencia
la inutilidad de estas repeticiones.
La fugacidad del tiempo
no es cosa que me asombre,
más raro fuera
detener el orden de las hora;
pero oír cuestiones
que en los viejos libros ya eran viejas
repetidas de forma torpe y presuntamente nueva
es cosa que me asusta.


Tierra dormida III

Viajeros incansables a través de las llanuras;
aquí se habla poco de la meta,
se charla más bien del camino, y de los bosques.
Quizá la meta reduzca a cenizas
el conocimiento acumulado en el camino, y las miradas.
Y tú duermes, ahora que mi carne
te quiere despierto.
Sólo entonces pueden servir de consuelo
los míticos trenes forjados de literatura y niebla,
cumpliendo entre sombras los sueños,
y las pesadillas.
Los soldados alegres de vuelta a casa.
La mujer que visita a su familia
una vez al año, ya sabéis.
Aquí la apariencia no es cosa que importe,
y el tiempo sólo se mide en paradas y estaciones.
Trubetzkoy y aquellos revolucionarios románticos,
que amaron demasiado a diciembre.
Jugadores de ajedrez. Niños tranquilos.
Jóvenes hermanos y hermanas, los más bellos.
Y el hombre que se despertaba en cuanto aparecía Pushkin:
No, la vida no me aburre,
amo la vida, quiero vivir;
y, aunque vea huir la juventud,
no se enfría mi ánimo.
Mi curiosidad se alegra aún
en los queridos sueños de la fantasía,
en toda sensación.
Ligera vuela la pluma de Pushkin
sobre los ríos enamorados.
No es literatura: en la tierra dormida,
también los ríos se enamoran, hay ejemplos.
Y, después, Tatiana Nikolaievna. Los marinos
y grumetes borrachos de Lauaxeta, los más hermosos.
Mesas y asientos de madera ante las tumbas,
para hablar y comer con las sombras.
Un nombre y dos fechas.
Si tras la segunda fecha escribieran
Usolie-Sibirskoie, qué elegante mi lápida.
Y el hombre que se despertaba en cuanto aparecía Pushkin:
¿Qué significa para ti mi nombre?
Como único recuerdo,
un rastro muerto dejado sobre el papel,
como un epitafio
escrito en caracteres extraños,
en una lengua que nadie comprende.
Y después los niños jugando en la orilla.
La mujer que se veía obligada a vender
su pasado y sus recuerdos del pasado.
El chaval inquieto, el más hermoso,
que ante la iglesia de Listvianka me habló de pendientes,
del suyo y del mío, y de sus significados.
Y el hombre que se despertaba en cuanto aparecía Pushkin:
Si la vida te engaña,
no te aflijas, no protestes,
sobrelleva los días oscuros,
llegarán otros más alegres.
Nuestra mente en el futuro
vive; la oprime el presente.
Todo es fugaz.
Bienvenido lo que venga.
Y después todos los buriatos, los de Ust? Orda,
los de Aginsk y los de la república,
exiliados en su patria. Gente ya olvidada
que llamó a esta gran parte del mundo tierra dormida.
Y el hombre que se despertaba en cuanto aparecía Pushkin:
No puedo borrar las líneas tristes.

66 versos en la ciudad sitiada
Cuando atravieso sin prisa las calles y plazas de Gasteiz
yendo, como cada día, camino del trabajo o a ver a los amigos,
pienso, sobresaltado de repente,
que hacer esto mismo allí
resulta ciertamente peligroso muchos días,
y con la vista hacia lo alto de las casas calculo,
la mirada fría y el ánimo en suspenso,
qué lugar elegiría el francotirador,
por dónde llegará la bala
que tornará mi cabeza en flor negra de sangre,
porque esa plaza demasiado ancha resulta sospechosa. Esa calle.
El parque rodeado de edificios altos.
He oído que en los parques de Sarajevo
ya no hay árboles,
porque los habitantes los han cortado para calentar sus casas,
y pienso, sobresaltado de repente,
que no tengo en mi casa un lugar apropiado para hacer fuego.
Mi calle además está llena de edificios oficiales,
y dado que las oficinas gubernamentales suelen ser importantes
en tiempo de guerra,
pienso, sobresaltado de repente,
que quizá mi calle se haya convertido en zona de conflicto
y puede que esté ya destruida
mi casa en Sarajevo.
¿Cómo se las arregla el que soy yo en Sarajevo?
¿Va aún a trabajar, por ejemplo? ¿O acaso
hace tiempo ya que todas esas vulagres costumbres desaparecieron?
Y pienso, sobresaltado de repente,
que seguramente las escuelas estarán cerradas,
y que la mía, además, está al otro lado del ferrocarril, cerca de estación,
y que los ferrocarriles y estaciones son, al parecer, cosas que se deben controlar
en tiempo de guerra.
Aguardar largo tiempo cartas que no llegan
y poder escribir otras nuevas.
¿Cómo hago la compra en Sarajevo?
Desde que un kilo de patatas cuesta diez marcos
me paso horas haciendo sumas y restas
pero los resultados siempre tienen hambre.
Y pienso, sobresaltado de repente,
que el hambre, el frío, el terror, las colas, la mala suerte
son costumbres demasiado vulgares
en tiempo de guerra.
La ciudad está ya dividida,
son heridas las fronteras interiores
y esa sangre no es una metáfora,
más allá de las vías los enemigos amigos,
a este lado del puente los amigos enemigos.
¿De qué suerte me he adaptado a la situación que me ha tocado en suerte?
Y pienso, sobresaltado de repente,
que mi madre vive en el Oeste y yo en el centro
y que los dos barrios, también el de mi hermano, pueden estar más alejados
en tiempo de guerra,
y que tales divisiones son imprevistas, y crueles,
si estoy aquí es porque esa noche me quedé a cenar en tu casa.
No faltan en los alrededores de Gasteiz
lugares apropiados para situar la artillería;
quizá Zaldiaran o los montes de Vitoria
no sean tan espectaculares como el monte Ilidza,
pero las bombas lanzadas desde allí pueden hacer un buen trabajo.
Y después echarse a andar carretera adelante, con el equipaje a cuestas,
ciudadanos sin ciudad,
si es verano bajo el bochorno, si es invierno sobre el hielo,
perdidos por caminos que no llevan a ningún lado,
en busca de un amparo que no existe en ningún lugar.
La cestión es seguir vivo hasta que se firmen los acuerdos de paz.
Que no escriba otro 6 el diablo.

Alabanza del invierno
Me gustan las costumbres que traee el invierno,
oír por televisión que bajan las temperaturas
y mañana estaremos a sólo cinco grados bajo cero,
cinco diamantes de hielo.
Y a la mañana siguiente, antes de salir,
ponerme lentamente, recordando ritos de antiguas religiones,
abrigo, gorro, bufanda, botas y guantes.
Comprobar luego que el cielo está gris,
el viento afilado, el parque desnudo,
aspirar por la nariz el frío hasta el fondo de los pulmones
y probar el mareo de esa droga conocida,
admirar partículas de alma que salen de las bocas
y caminar entre espectros asustadizos.
Rezar a los dioses invernales de todos los pueblos,
ayudadme, ayudadme,
adorar la escarcha y la nieve,
acariciar los carámbanos de hielo,
perder la mirada sobre la nieve sucia
con una ternura que nunca antes ha existido
y despreciar en secreto los lamentos ajenos.
Conducir mi mente hasta los montes desdibujados,
gozar del barroquismo que muestra la ciudad
y, a escondidas, reírme de los coches.
De vez en cuando, sacudir las piernas y los brazos bajo un pórtico
y después volver a sentir en el rostro
los mil húmedos besos que el invierno ofrece cordialmente,
¿dónde se ha visto amante como los copos de nieve?
He oído que morir congelado es muy dulce,
te atrapa el sueño lentamente, y en sueños
ya, el Rey del Invierno con toda su corte
te lleva para siempre a su Palacio Blanco.


Flores de cementerio
Sobre algunas tumbas sólo musgo,
señal del cuidadoso olvido.
Sobre otras tumbas, flores marchitas,
vigilante el recuerdo descuidado,
todos los muertos no son iguales.
Y le pauvre Apollinaire, qué hace aquí,
y qué hace aquí le pauvre Thierry,
qué hacen aquí mezclados los muertos y los vivos,
siempre distintos y siempre iguales.
Al tomar aire, junto con el olor del cementerio,
aspiramos hasta el fondo los deseos de todos nosotros.
Las rosas se han deshecho sobre las lápidas,
no así esas humildes flores silvestres que han pasado el invierno
dormidas en pequeños prados, insignificantes florecillas,
pero vivas: amarillas diminutas.
Y, después, recordaré estos cielos,
la lluvia de hoy, estas horas y, por qué no,
los cuerpos hospitalarios que aún siguen vivos.
Ridículos los consuelos de los sabios,
y los ojos no ven sino palabras,
dudas que no son duda, ha comentado alguien.
Y, de pronto, los rectos cipreses
han tomado un taxi y se han ido a la ciudad,
¿en busca de qué? ¿qué es lo que buscan?
Sobre la hojarasca veo a menudo
restos vivos de todos nosotros
y en las piedras rotas
sucios rostros de desconocidos,
cadáveres hermosos en ningún lugar.
Como si fueran las líneas doloridas de una mano
atravieso, todo está ya adivinado,
los estrechos y húmedos senderos entre las tumbas.
La vida se nos acerca corriendo.


Promesas por teléfono
No hay forma de saber cómo limpiar esos ríos.
Entre los automóviles, con la mente perdida,
junto con las bolsas de la compra se cae
al suelo el ánimo, no hay piedad en ningún sitio.
Ya se van aquellos tiempos en que las palomas
se posaban en el hombro, lo que sólo fue carne
se ha vuelto estatua. Por todas partes polvo
y hojarasca, aguas turbias, ventanas oscuras.
He reconocido el olor que dejaste aquí.
Necesitamos trompetas, por favor, trompetas.
Mirando al cielo en busca de nubes,
no para esperar la lluvia sino las sombras.
Al otro lado del cristal una mujer
con lágrimas en los ojos habla por teléfono,
con las bolsas de la compra desparramadas por el suelo;
parece que la vida va a terminar
pero sigue adelante por desgracia imparable.
Como el agua que erosiona el monte,
así nos erosiona el cuerpo una sola lágrima.
¿Hay acaso algo más doloroso que las promesas por teléfono?


Cartografía celeste
Y por la noche, observando el firmamento,
descubrir las vías sutiles de las estrellas,
hasta que bajo esos movimientos imparables
el dulce extravío del tiempo
conquiste ojos y mente.
Cantar, después, con los niños ewe:
el firmamento es una gran armonía,
no hay en él pérdida ni accidente,
allí, todo cuanto es conoce su camino.
©Arregi Díaz de Heredia, Rikardo. Cartografía, Bassarai, Vitoria-Gasteiz, 2000.
©Traducción: Gerardo Markuleta.

Fuente: http://www.basqueliterature.com/

sábado, 24 de octubre de 2015

EUSKERA

¿CUÁL ES LA PALABRA MÁS BONITA?


Ilustración: gerindabai.blogspot.com

En el año 2010, Eusko Ikaskuntza -Sociedad de Estudios Vascos, se propuso averiguar  "¿cuál es la palabra más bonita, en euskera?". 

Para tal fin organizó un concurso que procuraba alcanzar los siguientes objetivos : reflexionar sobre el euskera, impulsar su uso, animar a la participación y unir a la comunidad vasca a través de las nuevas tecnologías, en este caso, internet.

Al concluir el concurso, pudo verse que la palabra más mencionada, y por lo tanto considerada como la más bonita  por la mayor parte de las personas que se expresaron en tal sentido, fue ' pinpilinpauxa ' (mariposa). En segundo lugar estuvo ' bihotz '.( corazón) , También fueron muy repetidas : ' goxoa ' ( delicioso ), ' maitasuna ' ( amar ) y 'xuxurlatu' ( susurrar ).


miércoles, 21 de octubre de 2015

En NAVARRA.ES


El Gobierno foral concede la Medalla de Oro de Navarra al historiador y etnógrafo José María Jimeno Jurío (*)

miércoles, 21 de octubre de 2015



Con esta condecoración, a título póstumo, reconoce su aportación a la cultura navarra a través de sus trabajos históricos, etnográficos y toponímicos.


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Imagen del historiador Jimeno Jurío
El Gobierno de Navarra ha aprobado, en su sesión de hoy, un decreto foral por el que se concede la Medalla de Oro de Navarra, a título póstumo, a José María Jimeno Jurío (Artajona 1927- Pamplona 2002) por su aportación a la cultura de Navarra a través de sus trabajos históricos, etnográficos y toponímicos.
Según se indica en el decreto, Jimeno Jurío fue un “intelectual atípico e irrepetible”, del que destaca su prolífica producción científica no sólo en los ámbitos ya citados, sino también en el campo de la lengua y el folclore. Por esta labor recibió, a lo largo de su carrera, numerosos reconocimientos populares, culturales y académicos.
La Medalla de Oro de Navarra fue instituida por el Gobierno de Navarra en 1982 y constituye la condecoración más importante que se otorga a personas o entidades que destacan en la defensa, promoción y fomento de los valores característicos de Navarra. El galardón será entregado a los familiares del historiador el próximo 3 de diciembre, en el marco de los actos organizados para celebrar el Día de la Comunidad Foral.
Principales aportaciones
José María Jimeno Jurío estuvo profundamente influenciado por el antropólogo José Miguel de Barandiarán, Medalla de Oro de Navarra en 1989, influencia que le llevó a la investigación etnográfica y folclórica a finales de los años 70. Posteriormente, en los años 80 y 90, dirigió al grupo multidisciplinar que desarrolló el trabajo de recopilación de la toponimia de Navarra. Esta monumental obra de 60 tomos, que recibió el apoyo del Gobierno de Navarra, se ha convertido en herramienta de trabajo para historiadores, lingüistas, antropólogos, geógrafos, biólogos, arqueólogos, edafólogos y otros investigadores de diversas disciplinas.
En su faceta de historiador, Jimeno Jurío realizó una valiosa y novedosa tarea de recogida de datos y testimonios relacionados con la represión franquista, un material que luego ha servido de base a los principales trabajos de memoria histórica realizados en Navarra.
Asimismo es justo reconocer sus aportaciones al desarrollo de la historia local entendida como la memoria económica, política, social, lingüística y cultural de un municipio. En este sentido, Jimeno Jurío dejó su huella en innumerables poblaciones navarras.
José María Jimeno Jurío fue además un gran historiador del euskera, especialmente de su presencia en aquellos lugares de Navarra donde se dejó de hablar, y contribuyó con importantes aportaciones en este terreno.

Biografía de Jimeno Jurío
José María Jimeno Jurío nació en Artajona (Navarra) el 13 de mayo de 1927 y falleció en Pamplona el 3 de octubre de 2002.
En una primera etapa de su vida ingresó en el seminario de Pamplona y se dedicó a la enseñanza en el Instituto de Enseñanza Media y Profesional de Alsasua. En los años setenta, abandonó el sacerdocio y se centró en la producción científica que, en esa década y en la siguiente, fue especialmente fructífera en temas históricos, etnográficos y folclóricos. En aquellos años escribiría algunas de sus obras clásicas.
Muchas de sus investigaciones se publicaron en las revistas “El Miliario”, “Príncipe de Viana”, “Fontes Linguae Vasconum”, “Cuadernos de etnología y etnografía de Navarra” y otras. También difundió más de 40 diversos trabajos divulgativos sobre la historia, folclore y geografía de Navarra en la colección "Navarra. Temas de Cultura Popular".
En estos años destaca su investigación histórica sobre la batalla de Roncesvalles (“¿Dónde fue la batalla de Roncesvalles?”. Institución Príncipe de Viana, 1974) en la que concluye que el enfrentamiento tuvo lugar en la fosa meridional de Valcarlos y no en el camino alto entre Roncesvalles y San Juan de Pie de Puerto como se pensaba.
Ese mismo año publica su “Historia de Pamplona. Síntesis de una evolución” y, a partir de aquí, su interés se vuelca hacia temas más políticos. En 1977 aparece “Navarra jamás dijo no al Estatuto”, obra en la que sostiene que en 1932 no se respetó la voluntad de la mayoría de los ayuntamientos navarros partidarios del Estatuto Vasco cuadriprovincial. Su labor en este campo continuó con investigaciones relacionadas con los acontecimientos de 1936 en Navarra y las reivindicaciones autonómicas entre 1917-1919, trabajos que publicó en la revista Punto y Hora. En 1980, editó “Historia de Navarra. Desde los orígenes hasta nuestros días”.
Fue miembro de la Sociedad de Estudios Vascos (SEV), entidad de la que fue vicepresidente en 1984. La Academia de la Lengua Vasca le nombró académico de honor en 1991 en reconocimiento a las aportaciones realizadas al euskera con sus trabajos toponomásticos. En 1997, la fundación Sabino Arana le concedió el premio "Trayectoria de toda una vida", y en 1998 recibió el Premio Manuel Lekuona otorgado por la Sociedad de Estudios Vascos.
Medallas de Oro
Desde 1982, el Gobierno foral ha otorgado la Medalla de Oro de Navarra a las siguientes personas, instituciones y colectivos sociales:
1982: Su Santidad el Papa Juan Pablo II, que visitó Navarra ese año.
1984: José María Lacarra (historiador) y Julio Caro Baroja (historiador y etnógrafo).
1985: Asociación de Donantes de Sangre de Navarra.
1988: SS. MM. los Reyes de España, don Juan Carlos y doña Sofía, que ese año realizaron la primera visita oficial a la Comunidad Foral.
1989: P. José Miguel Barandiarán (paleontólogo y antropólogo) y Alfredo Floristán (geógrafo).
1990: Juan García Bacca (filósofo y ensayista) y orden de las Hermanas de la Caridad.
1991: Adriana Beaumont Galdúroz (esposa del empresario Félix Huarte, fundadora de la asociación Nuevo Futuro Navarra) y Ángel Martín Duque (historiador).
1992: Jorge Oteiza Embid (escultor y artista plástico).
1993: S.A.R. D. Juan de Borbón y Battemberg, fallecido ese año en Pamplona.
1994: Cáritas Diocesana.
1995: Medicus Mundi.
1996: D. Miguel Induráin Larraya (ciclista, pentacampeón del Tour de Francia).
1997: Universidad de Navarra.
1998: Colectivo de Misioneros Navarros.
1999: ANFAS.
2000: Colectivo de víctimas del terrorismo.
2001: Centro de Educación Secundaria de Salesianos.
2002: Diario de Navarra.
2003: Pablo Hermoso de Mendoza.
2004: Volkswagen Navarra.
2005: Centros navarros de Argentina y Chile.
2006: Casa Misericordia de Pamplona.
2007: Cruz Roja en Navarra.
2008: Confederación de Empresarios de Navarra (CEN), Unión General de Trabajadores (UGT) y Comisiones Obreras (CCOO).
2009: Unión de Agricultores y Ganaderos de Navarra (UAGN) y Unión de Cooperativas Agrarias de Navarra (UCAN).
2010: Orfeón Pamplonés.
2011: Asociaciones de Amigos del Camino de Santiago.
2012: Universidad Pública de Navarra (UPNA).
2013: Organización Nacional de Ciegos Españoles (ONCE)
2014: Impulsores del Programa de Promoción de Navarra de 1964

(*) Nota extraída de :  http://www.navarra.es/home_es/Actualidad/Sala+de+prensa/Noticias/2015/10/21/medalla+oro+navarra+jimeno+jurio.htm

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Para ampliar el conocimiento sobre José María Jimeno Jurío, la propuesta es leer un interesante artículo de Tomás Urzainqui Mina, publicado en ocasión de su muerte, bajo el título "Navarra te está agradecida". 
Se lo puede encontrar en : http://nabarralde.com/es/gogoeta/3413-navarra-te-esta-agradecida

martes, 13 de octubre de 2015

UN RECORRIDO POR LA HISTORIA DE LA LITERATURA VASCA.

Domingo de Aguirre Badiola
Domingo de Aguirre Badiola nació en Ondarroa, en el año 1864.

En el año 1888 se ordenó sacerdote. Con el tiempo, unió a ésta vocación la de escritor. Como tal, fue elegido como miembro de número de Euskaltzaindia, la Academia de la Lengua Vasca.

Gran parte de su obra fue escrita en euskera. Su única obra que conocemos en castellano, aparte de algunos pocos artículos y narraciones, es la Historia de Nuestra Señora de Iciar (1895).

En Larramendiren bizitzaren berri labur, comenta la vida y obra del euskarólogo Manuel de Larramendi.

Su obra abarca novelas, cuentos, leyendas, artículos, crónicas de viaje, poesías, etc. Fue colaborador de Euskal Erria, Euskalzale, Ibaizábal, Euskal-Esnalea, RIEV; Jaungoiko-zale, entre otras.

Su primera novela  se encuentra ambientada en el siglo VII y trata sobre la introducción del cristianismo en el pueblo vasco. Fue publicada en el año 1898 bajo el título  Auñemendiko Lorea.

Tiempo después publicó Kresala (1906). El relato en este caso se encontraba ubicado en un ambiente marinero y fue escrita en dialecto vizcaíno. Se destaca de ella su vigor. En el caso de Garoa (1912) se trata  también una novela costumbrista, aunque  en este caso estaba ubicada en el ambiente rural. Los estudiosos de su obra consideran que su estilo es depurado y rico.

La ilustración de la portada fue
relizada por Jon Zabalo "Txiki"


Larramendiren bizitzaren berri labur, fue dedicada en cambio a la vida y obra del euskarólogo Manuel de Larramendi. 

En Ni ta ni, aborda un tema histórico. Se trata de una novela histórica incompleta, publicada de manera parcial, en 1917, en Euskal - Esnalea. El tema abordado es el de las luchas banderizas entre onacinos y gamboinos.

 Tradujo la obra teatral La Flor de Larralde de Arturo Campion, publicada en euskera como Larraldeko Lorea .

En 1964, en conmemoración del centenario de su nacimiento, se publica una obra póstuma, bajo el título Ondarrak. En ella es posible hallar  páginas selectas de su obra.

En relación con su estilo es remarcable su intención por rescatar las costumbres del pueblo, incursionando para ello en novelas costumbristas. Fue ni más ni menos que Mitxelena quien dijo de Domingo de Aguirre Badiola que era un "magnífico pintor de costumbres y de caracteres”.

Murió prematuramente, en Zumaia, en el año 1920.






Propuesta de lectura (en euskera): en la colección Bidegileak es posible encontrar más información sobre Domingo de Aguirre. Se puede acceder a ella a través de la dirección: 
http://www.euskomedia.org/PDFAnlt/bidegileak/14_txomin-aguirre.pdf

domingo, 11 de octubre de 2015

PRESENTACIÓN DE LA EDITORIAL VASCA EKIN ~ EKIN ARGITALETXEA

LA EDITORIAL VASCA EKIN PRESENTE
EN EL VI CONGRESO MUNDIAL 
DE COLECTIVIDADES VASCAS

Vitoria - Gasteiz, 7 de octubre de 2015




María Elena Etcheverry de Irujo presentando su ponencia
(Foto Ediciones Euskal Erria)

Desde la organización del VI Congreso Mundial de Colectividades Vascas, fue invitada  la Editorial Vasca Ekin - Ekin Argitaletxea, a participar y presentar una ponencia. Responsable de hacerlo fue su directora, María Elena Etcheverry de Irujo

El espacio fue compartido con Ediciones Euskal Erria, editorial de Montevideo, Uruguay, vinculada a la asociación vasca del mismo nombre. La misma fue representada por los investigadores Alberto Irigoyen Artetxe y Xabier Irujo Amezaga.